Si
examinamos un producto Blázquez desde una corta distancia,
percibimos claramente las distintas fuentes de inspiración
de su proceso. Observamos las líneas inconfundibles de
una vida al aire libre en el campo. Reconocemos el impresionante
reflejo de la huella que deja su alimentación en montanera,
bellota y hierba. Descubrimos los detalles que genera
una perfecta curación, donde se conjugan raza, salazón,
clima y años de tradición para producir el cóctel genial. Un Blázquez tiene identidad, tiene carácter. Da la sensación de chico duro, con trazos perfectos, de rostro carismático… pero lo mejor es que su autenticidad le permite aguantar con orgullo los envites de los más reputados gourmets.











































Otra sugerencia para deleitarse con un producto Blázquez es probar
lo que comúnmente se conoce como “fresco”. Y es que las partes
nobles del cerdo, extraídas en el despiece del animal, resultan
un bocado exquisito por su ternura y jugosidad. El secreto ibérico,
la bola, la pluma o el solomillo le proporcionarán una receta sencillamente
irrepetible.



Paleta ibérica loncheada
Lomo ibérico loncheado
Chorizo ibérico loncheado
Salchichón ibérico loncheado