Fue en Salamanca, donde el campo es tierra abierta adornada por
encinas y bellotas, donde el cerdo de esta tierra busca crecer
y ser….
Donde la familia Blázquez, en 1932 fundó la empresa de jamones,
basada en la sabiduría de los artesanos de aquel tiempo.
Desde entonces Jamones Blázquez, hoy ya dirigida por la tercera generación, sigue apostando por los procesos naturales en la elaboración de excelentes jamones, paletas y embutidos ibéricos.
Más de 80 años de experiencia bien dan para tener una historia, una verdadera identidad y mil anécdotas que contar mientras trabajamos en lo que más nos gusta: Hacer jamones exclusivos capaces de proporcionarte un placer infinito.
Es entre Crespos, Peñaranda y Guijuelo, cuna del jamón ibérico, donde Blázquez
desarrolla su actividad.
Esta zona, privilegiada geográficamente para la elaboración y curación
de jamones, es donde Blázquez tiene ubicados sus 4 centros de trabajo.
Centros con mucha historia, tradición, sabiduría y entusiasmo que
han sabido asociarse con los modernos métodos de gestión que se
requieren en el siglo XXI.

La pureza de la cepa ibérica es el primer factor de calidad que ha de ser atendido con celo. Así que a partir del cuidado con la genética de la piara, el verdadero proceso que distingue a un jamón de bellota empieza en nuestras dehesas de Andalucía y Extremadura, donde se da el ecosistema ideal para la cría en libertad del cerdo.
Sólo así, en la tranquila mansedumbre de la dehesa, entre encinares
clareados con extensiones de jugosos pastos, el cerdo hoza en montanera.
La mano del hombre también contribuye a mejorar la simbiosis entre encinas, cerdos y pastos, por lo que el desmoche de estos arboles resulta fundamental para que los meses de más frío, el animal complete su alimentación a base de bellotas. Algo clave en el sabor de un jamón único.
Existen una serie de factores de identidad para reconocer un ejemplar ibérico a simple vista:
De la luz y la planicie de los campos del sur, viajamos a nuestros
secaderos de Crespos y Guijuelo.
Allí, el aire puro y el frío maduran cada pieza. Es una larga espera
de varios años, atendida pacientemente por maestros experimentados,
que diariamente cuidan las condiciones óptimas de humedad, temperatura
y ventilación. Es el tiempo donde dialogan la sal, el jamón, el
silencio y el viento. El resultado: un bocado exquisito.
SABOREl lento hacer del tiempo, da un sabor poderoso de matices y de
ecos profundos que como fruto añejo permanecerá en su paladar.
Embriáguese con su aroma y recorra sus vetas. Nunca ha visto nada
igual.
En la mejor zona de la geografía española Blázquez tiene más de 3.000 hectáreas para criar, mimar y alimentar al ganado.
Es en la frontera entre Badajoz y Sevilla, gracias al paisaje, encinas, bellotas y un ecosistema óptimo, donde empieza la vida de lo que más tarde va a ser una auténtica joya.
